El otoño llega y la naturaleza comienza a transformarse. Cambian la luz, la temperatura y los colores; las hojas caen y el paisaje adquiere un ritmo diferente. Estos cambios también pueden influir en nuestro mundo emocional, despertando nostalgia, sensibilidad, recuerdos o una mayor necesidad de introspección.
El otoño puede ser una oportunidad para detenernos y preguntarnos: ¿cómo estoy?, ¿qué necesito?, ¿qué puedo comenzar a soltar?
Así como los árboles dejan ir sus hojas para continuar su ciclo, nosotros también podemos aprender a desprendernos de pensamientos, expectativas o experiencias que ya no necesitamos sostener.
Soltar no significa olvidar. Significa reconocer lo vivido, darle un lugar y permitirnos continuar.
El otoño nos recuerda que cambiar también es crecer y que, a veces, dejar ir es la manera de hacer espacio para algo nuevo.
Margarita Watty | Psicoterapeuta
Un camino hacia el equilibrio, la paz interior y el crecimiento personal.