“¿Y si no hago amigos? ¿Y si se burlan de mí? ¿Y si no puedo?”

Para muchos niños, regresar a clases representa emoción, reencuentros y nuevos aprendizajes. Sin embargo, para un niño introvertido puede convertirse en una batalla silenciosa que pocas veces logra expresar con palabras. Especialmente cuando es el primer hijo y se enfrenta por primera vez a situaciones que están fuera de su ambiente conocido.

El miedo a lo desconocido puede esconderse detrás de un “no quiero ir a la escuela”, un dolor de estómago, dificultad para dormir, irritabilidad, llanto o un silencio que preocupa a los padres. En ocasiones, los adultos intentamos tranquilizarlo diciendo: “No pasa nada” o “no tengas miedo”, pero para él sí está pasando algo y su miedo es real.

Desde la Terapia Gestalt, no buscamos eliminar esa emoción ni decirle al niño lo que debería sentir. Lo acompañamos a reconocer qué sucede en su interior, ponerle nombre a sus emociones y descubrir sus propios recursos para afrontar aquello que le genera inseguridad.

Los padres también son parte fundamental del proceso. Acompañarlos les permite comprender qué hay detrás de ciertas conductas y aprender a brindar seguridad sin resolver cada dificultad por su hijo.

Cuando un niño descubre: “Tengo miedo, pero puedo enfrentarlo”, comienza a desarrollar confianza, autonomía y una manera diferente de relacionarse con lo desconocido.

Trabajar estos temores durante la infancia no significa evitarle las dificultades de la vida, sino darle herramientas para atravesarlas.

Porque aquello que ayudamos a resolver en el niño de hoy puede liberar al adulto del mañana.

Margarita Watty | Psicoterapeuta